Ígneo

Cuando sus padres se divorcian, Cooper se ve inmerso en una custodia compartida en la  que le tocará vivir una semana con su madre y otra con su padre.
Pero es que no es solo con su padre con quien tiene que vivir. Porque con él está Lila: la otra. La mujer que hizo que la roca sólida sobre la que se asentaba su vida se desmoronara.

Y, por si fuera poco…, también está Jace: el hijo de Lila. Un engreído con los ojos de un azul que recuerda a escamas de pez recién vomitadas.
Lo único que quiere Cooper es que su familia vuelva a ser lo que era, pero algo en ese niño le dice que las cosas nunca volverán a ser como antes.

Sedimentario

Cooper se sigue resistiendo a aceptar la realidad de su nueva vida y su primer contacto con Jace es más bien rocoso; pero, una vez superado ese complicado inicio, los cientos de recuerdos compartidos hacen que se vaya creando algo nuevo entre ellos, una sólida… amistad.
Porque amistad es lo único que pueden tener. A pesar de no ser hermanos de verdad. De hecho, técnicamente, ni siquiera son hermanastros.

Metamórfico

¿Cómo evolucionará esa amistad ante las presiones de la vida?

¿Y qué pasa con las presiones del corazón?

 

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